Sobre la geometría orgánica – Por Íñigo Cobeta

UN PENSAMIENTO EN “ERICH MENDELSOHN Y EDWARD WESTON – EXTRAÑA PAREJA”

Al trantrán: La geometría, la medida de la tierra etimológicamente hablando, constituye un complejísimo proceso intelectual al que nos hemos acostumbrado, y damos por hecho a veces inadvertidamente, que sustancialmente, creo, puede dividirse en dos grandes categorías: geometría orgánica y geometría abstracta.

La geometría orgánica tiene su raíz en la mímesis, en la copia de las formas naturales. Sería la geometría orgánica la primera en surgir mediante la observación y copia de las formas naturales, una primera intuición que nos acerca al mundo y a sus formas en un afán por comprenderlas al reproducirlas y fundamentalmente asociada a la naturaleza y lo tangible de sus formas.

La segunda, la geometría abstracta, sería una forma de sublimación de la anterior, surgida a partir de ella, que en un afán de trascendencia se desvincula de su origen y plantea abstracciones puras por cuanto desvinculadas de las formas que les dieron origen. Formas aparentemente tan simples como el círculo o el cuadrado serían terriblemente difíciles de concebir si tuviésemos que inventarlas de nuevo (de ahí su asociación durante tanto tiempo con la magia).

De las abstracciones, de su sistematización, surge la posibilidad de especular con la forma de modo totalmente autónomo. La matemática y el control con una vocación eminentemente creadora en aras de la perfección (otra idea complicada de narices).

Constantemente se producen cruces entre ambas y la segunda, la abstracta, encuentra en la orgánica una inagotable fuente de referencia a partir de la cual seguir creciendo para proyectarse de nuevo sobre ella constatando la maravilla del método concebido para sistematizarla.

Es la geometría orgánica, la dimanada de la naturaleza, una fuente inagotable de misterios.

La gran virtud de Weston y de Mendelsohn es la de animar de nuevo lo orgánico poniendo de manifiesto tanto su belleza como el misterio de su orden, la belleza de sus formas frente a lo abstracto. En ambos hay algo inaprensible desde lo estricto de la forma puramente abstracta.

Una invitación a recuperar la curiosidad por las misteriosas formas de la naturaleza frente a la reconfortante certeza que el rigor de la abstracción pura aparentemente proporciona.

Íñigo Cobeta (1973) es Doctor Arquitecto y combina su actividad profesional como arquitecto proyectista con la docencia y la investigación en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, en el Departamento de Composición Arquitectónica, dentro del grupo de investigación: Teoría y Crítica del Proyecto y de la Arquitectura Moderna y Contemporánea.

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